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El valor económico de la confianza.

La confianza no es un bien económico. No se puede ir al supermercado y comprar un kilo de confianza. Si lo fuera su precio estaría por las nubes. El que no sea un bien económico no significa que no tenga valor económico. Las empresas en las que hay confianza entre directivos y empleados, no hay que controlar. Se sabe que la gente va a realizar el trabajo que le corresponde. Estas empresas se pueden ahorrar el coste del control. Si hay confianza, las personas están dispuestas a hacer lo que haga falta por su empresa. Sabe que la empresa les tiene en cuenta.

A nivel de sociedad, si hubiera confianza, si todo el mundo fuera digno de confianza, no necesitaríamos cerrar con llave las casas ni lo coches ni nada. Se viviría mucho mejor. Una familia solo se sostiene sobre la base de la confianza entre marido y mujer. Confianza que se traslada a los hijos. En definitiva, la confianza no es ningún bien económico, pero tiene un gran valor económico.

Por tanto, todo lo que puedan hacer las empresas por invertir en confianza serán inversiones rentabilísimas. Lo que pasa es que no hay dinero que pueda comprar la confianza. Estas inversiones no son económicas. Son inversiones en uno mismo. Uno es confiable o no lo es.Uno es confiable en la medida en que tiene en cuenta el impacto de sus decisiones en los demás. En la medida en que cumple sus compromisos. En la medida en que valora, de modo real y no verbal, a las personas de su alrededor. La confianza se gana. Se la otorgan los demás a uno. Uno todo lo que puede hacer es ser confiable. Así que invertir en confianza es invertir en uno mismo.

Las empresas y las organizaciones toman decisiones para alcanzar sus objetivos. Dependiendo de los recursos que tienen, hay cosas que pueden hacer y otras que no. Estos recursos pueden ser financieros, de personas, conocimientos, etc. Pero para que algo salga adelante hace falta, además de estos recursos, que los que tienen que llevar a cabo esas acciones quieran hacerlo.

Y ahí es donde viene lo complicado. En función de cómo se toman las decisiones en una organización, aumenta o disminuye la buena voluntad de la gente para hacer lo que hay que hacer. Es decir, que cosas que en un momento dado se podían hacer porque se tenían los recursos necesarios para hacerlas y los encargados de ejecutarlas tenían la buena voluntad de hacerlas, puede suceder que más adelante esta misma empresa ya no pueda hacerlo. Y no porque no disponga de los recursos necesarios, sino porque la gente ya no quiere hacerlo.

Es el aprendizaje negativo. Cosas que antes se podían hacer ahora ya no se pueden hacer. La empresa está peor que antes. También puede suceder lo contrario, que había cosas que antes no había buena voluntad para hacerlas y actualmente sí que se pueden hacer. La gente es más colaboradora. Es el aprendizaje positivo.

La pregunta que surge es ¿Cómo conseguir la colaboración de la gente? ¿Cómo conseguir que la gente quiera hacer lo que hay que hacer? Pues este es el gran truco. Muy elemental y muy difícil a la vez. Generar confianza entre tu gente. Y la confianza depende de cuánto valora la dirección de una empresa a la gente.

Miguel Angel Ariño, profesor del IESE

Publicado el 02 de julio de 2022
Francesc Roca Presas