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&117 Síndrome de la impostora: cuando el alma busca permiso para ser auténtica.

«Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.» — Eleanor Roosevelt.

Cada vez más mujeres llegan a la consulta identificándose con esta experiencia llamada el síndrome de la impostora. Agotadas de luchar contra sí mismas, buscan mirarlo desde otro lugar para soltar… y avanzar.

El síndrome de la impostora no tiene género. Mujeres y hombres lo viven, por supuesto.

Y yo también he pasado por ahí: he dudado, me he escondido, he temido compartir mi voz.

Y si, la estadística muestra más presencia en las mujeres. Y también que vosotras soléis daros el permiso para mirarlo y trabajarlo antes.

Todos podemos sentirnos impostores en algún momento. Eso no es un problema.

El problema empieza cuando esto te limita, te frena, te roba energía.

Porque hay una línea muy fina entre el malestar que se convierte en reto saludable, o en un proceso de transformación o en parálisis que frustra.

En su raíz, este síndrome es un estado en que la persona no se siente auténtica. Son un conjunto de sensaciones que “caminan” contigo, y te hacen dudar de quién eres.

Y se manifiesta en pensamientos como:

¿Cómo voy a liderar un equipo si aún me siento aprendiz?
¿Cómo voy a emprender si nunca lo he hecho?
¿Cómo voy a vender si no soy comercial?
¿Quién soy yo para inspirar si hay días que me caigo?
¿Quién soy yo para acompañar si yo también tengo dudas?
¿Quién soy yo para brillar si aún me cuesta creer en mí?

Desde la mirada sistémica, la mayoría de las veces el síndrome es supervivencia emocional. Y sus raíces, pueden ser profundas:

 Identidad consciente adoptada, para gustar, pertenecer, ser validada. Con el tiempo, emerge el verdadero ser, porque el cuerpo, la mente y el alma piden autenticidad.

 Identidad inconsciente heredada, por situaciones vividas en cualquier momento de la vida, o por información recibida, que se convierten en creencias o patrones invisibles.

Mensaje que nacieron de un amor ciego, sin conciencia, que quiso proteger, pero terminó limitando: “no molestes”, “no te lo creas demasiado”, «nunca serás suficiente», …

Hasta que no vemos esto, la meta esta delante, y algo dentro nos frena. Y este freno es una parte de ti pidiendo ser vista.

Este viernes, en el correo inspiracional, voy a reflexionar sobre como la mirada sistémica y las constelaciones familiares pueden ayudar a transformar el síndrome de la impostora:

De duda a autenticidad, de supervivencia a presencia, de impostora a verdad interna.

Porque detrás del síndrome no hay verdad esperando su turno.

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Este espejo en el bosque no engaña. Refleja verdad.

Somos auténticos cuando nos sentimos vistos sin tener que demostrar nada.

Ahí nace la fuerza. Ahí empieza el amor propio.

No es lo que te pasa, sino que haces con lo que te pasa.

Publicado el 07 de noviembre de 2025
Francesc Roca Presas