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Tirarse a la piscina.

Tirarse a la piscina

“Tirarse a la piscina”, en sentido figurado, es atreverse a actuar sin tener todas las respuestas, confiar en el proceso y aprender haciendo. Una actitud que se cultiva con práctica, apoyo y confianza.

La semana pasada, en 42 Barcelona Fundación Telefónica, realicé un taller de inteligencia artificial. Más allá del contenido —que fue inspirador—, el espacio en el que lo vivimos y el propósito del mismo me sorprendieron.

Nos enseñaron el campus y nos explicaron cómo funciona su programa. Y aunque la formación está centrada en tecnología, programación y código, lo que me pareció realmente transformador fue su filosofía de “tirarse a la piscina” en un entorno seguro y acompañado.

Me llevó a reflexionar, como estudiante y como profesor.

Mi entrada en la docencia se la debo a la pandemia. Y si bien antes el clima educativo era diferente, también es cierto que la realidad social, cultural y emocional postpandemia ha cambiado profundamente.

El miedo, la incertidumbre y la necesidad de control están hoy mucho más presentes en el sistema en general, así como en el alumnado, familias, educadores y los equipos directivos.

Y eso inevitablemente influye en cómo enseñamos y cómo aprendemos.

Después de estos años en docencia, siento que aún falta más espacio en las aulas para aprender a “tirarse a la piscina”. No porque no se quiera, sino porque sostener a quien se lanza —y especialmente a quien se ahoga— no siempre es fácil.

La presión por calificar, la falta de tiempo, los recursos limitados y la rigidez de ciertas estructuras dificultan esa flexibilidad que requiere el verdadero aprendizaje experiencial.

Y sin embargo, “tirarse a la piscina” es una competencia esencial. Una práctica que reporta beneficios físicos, mentales y emocionales. Para uno mismo y también para la sociedad, empresas y las organizaciones.

Porque al final, no se trata solo de atrevimiento o coraje. Se trata de una forma viva de encarnar el “aprender a aprender”: confiar en que no todo está dado, que se aprende haciendo, equivocándose, volviendo a intentar…

Y que, incluso en contextos exigentes o inciertos, uno acaba descubriendo recursos que no sabía que tenía.

Aprender a aprender es eso: lanzarse, mojarse, y descubrir —con cada brazada— que el conocimiento no está solo en los libros, sino también en la experiencia, la práctica, el ensayo y el error.

 


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Publicado el 01 de julio de 2025
Francesc Roca Presas