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“Si voy a vivir toda la vida conmigo, mejor que sea mi amigo” Francisco Peñarrubia

Francisco Peñarrubia, psicoterapeuta, precursor en España de la terapia humanista.

Tengo 70 años. Nací en Cuenca y vivo en Madrid. Casado y sin hijos pero con muchos alumnos. Desconfiamos de la gestión pública: urge devolverle la confianza a la gente de que los políticos nos representan. He buscado una religión sin dios, mi fe está en la naturaleza, es lo que más se parece a un dios (Foto: Xavier Cervera).

El policía interior

Aprendemos que la felicidad consiste en estar a salvo de la intemperie pero el techo se nos cae encima. No dejarse arrastrar por la vida, buscar una manera de estar en el mundo y, sobre todo, con nosotros mismos, convertirnos en nuestro mejor amigo, porque te necesitas para afrontar los problemas de la vida, es lo que propone Francisco Peñarrubia, pionero de la terapia Gestalt en España y fundador de su escuela en Madrid. “Hay que zafarse del policía interior y aprender a perdonarnos, pero eso requiere estar despierto, porque hay épocas en las que uno tiene que hacer una especie de guerra santa contra sí, contra ciertos rasgos del carácter. Todos tenemos aspectos patológicos que nos dificultan”. Y para superarlos, mejor acompañados, dice este empecinado buscador que ahora publica El oficio de escuchar (La Llave).

Maslow, uno de los padres del humanismo, decía que si unos extraterrestres investigaran a la humanidad a través de los textos psicológicos, su visión de nuestra especie sería por fuerza patológica.

¿Y eso?

Los textos hablan de patología, neurosis, desajustes; pero no se habla de los recursos, la capacidad de desarrollo de las personas, su potencial, motivaciones altruistas y trascendentes.

¿Esa es la aportación del humanismo?

Sí. Reflexionar también sobre las posibilidades humanas nos da una visión más optimista de nuestra naturaleza que la patología especializada en lo monstruoso.

Pero eso es lo que nos lleva a la consulta de los psicólogos.

Gracias al déficit te pones en marcha porque buscas algo que no tienes, pero no es un puerto de llegada, es un puerto de salida.

¿Todo humano tiene incomodidad existencial?

Cuando uno no se pregunta por el sentido de su vida, sobrevive como humano pero no vive como tal. Pero el mundo funciona básicamente con gente que se conforma, que acepta las cosas como son, que da sentido a los valores imperantes. La mayoría de las personas van a terapia para tratar un síntoma, no para conocerse más.

Usted es un buscador, ¿qué ha entendido?

Que toca cambiar algunas cosas internas y hacerte más amigo de ti mismo, porque lo que nos hace sufrir es esa pelea interna, y la educación va en sentido contrario: se nos dice que tenemos que mejorarnos, domesticarnos, que no te fíes de ti.

¿Nos convertimos en nuestros enemigos?

Si perdemos la fuerza luchando contra nosotros mismos quedamos desarmados ante las dificultades. El proceso entonces no es cambiar, sino reconciliarse con uno mismo.

Es más tranquilizador.

Esa es la paradoja que he descubierto, que el cambio en realidad es volver a casa, y que no hace falta que te pongas un policía en la chepa porque no te fías de ti. Si voy a vivir toda la vida conmigo, mejor que me haga mi amigo.

No es un proceso fácil.

Uno va aprendiendo a tomarse menos en serio los problemas y tener una actitud más benevolente ante la existencia y lo que somos, con nuestros límites, eso es madurar.

¿El subconsciente nos domina?

La psicología humanista dice que somos como las plantas, que tienden a la luz, y si nos fiamos de nosotros sobra ese policía interno. La pregunta esencial es qué hago yo aquí.

Pero no tiene respuesta.

El sentido de lo que hacemos tiene distintas respuestas a lo largo de la vida, es la gimnasia de seres conscientes y no de seres dormidos, desarrollar una cierta musculatura de atención, un juicio propio. Lo que no tiene sentido es que vivas la vida como algo que pasa por encima de ti y te arrastra.

¿Cómo hallar respuestas?

Cuando uno se da un tiempo para sí se da cuenta de que no sabe qué hacer consigo. Hay que pararse, averiguar qué estás necesitando. Hay muchos caminos, pero se necesita ayuda: la mirada del otro, su comprensión y también su cuestionamiento.

Si cambiamos nosotros, ¿qué cambia?

La revolución personal es más prometedora que las revoluciones sociales, que siempre acaban mal: tras un momento carismático, vuelve el autoritarismo. El problema es el olvido, estar despierto requiere disciplina. Lo cómodo es dejarse llevar. Hay que tener otra actitud.

Esto de estar recolocándote constantemente parece un castigo.

Has de hacerte tu amigo. La vida en el fondo es muy simple, lo único que hay que hacer es respirar, aceptar que las cosas ocurren, una mirada más compasiva sobre la vida y el mundo. Yo creo que hay que dejarse cuerda.

¿Y cómo me dejo cuerda?

Perdonándose. La culpa solo lleva a la enfermedad. Y me preocupa nuestro alejamiento de la naturaleza.

Parece muy poco sano.

Vivimos en un jardín y no nos hemos enterado. Hay que volver a la concepción de que somos una piececita de la naturaleza y no sus dueños. Cuando nos disociamos de la naturaleza estamos fuera del mundo.

¿Qué sentimientos humanos son los más complejos de transitar?

El dolor, porque la mayoría de la gente no lo atraviesa, lo cronifica. Hay que llorar, el dolor se cura escuchándolo y llorándolo, pero lo distraemos.

¿Mejor en compañía?

Si tenemos desajustes es porque no hemos sido bien amados y uno se queda con hambre. Rescatemos el encuentro personal, necesitamos mirarnos en el otro. Juntémonos, porque el contraste nos va a dar salud, desarrollo y amor; y también dificultades, pero uno aprende a ser con el otro, no a solas.

Contra de la Vanguardia del día 13.04.2022

Publicado el 18 de abril de 2022
Francesc Roca Presas