&100 ¿Sabes cual es tu animal de poder?
«Brillas tanto por ti mismo, que tu misión es acompañar a los demás para que puedan expresar sus talentos. Y por esto serás reconocido desde la autenticidad, y no desde la admiración por tu propia luz»
Cuando descubrí que mi animal de poder era la luciérnaga, fue todo un shock para mi ego.
Hasta entonces, como buen Leo, siempre pensé que mi animal de poder era el rey de la selva. Y es cierto que durante mucho tiempo me construí así: fuerte, visible, potente. A base de rugidos y de ocupar el espacio.
Pero no.
En un ejercicio profundo, apareció la luciérnaga.
Pequeña, sensible, silenciosa.
“Cuca de llum”, como le decimos en catalán.
A las antípodas del león, física, mental y emocionalmente. Y a kilómetros de distancia de mi auto percepción.
Y aunque mi vida ya me lo venía diciendo desde joven, no lo supe ver… hasta mucho después.
A mis 18 años, un amigo del instituto me propuso ser monitor de verano en una asociación de niñas/os autistas. Le dije que estaba loco, que no sabía con quién estaba hablando.
Hubo més llamadas a la acción, pero las rechacé. Hasta hace 10 años.
A los 43, en Guadalajara (México), después de un taller de mindfulness, una psicóloga me invitó a dar sesiones en un centro de menores: niñas madres adolescentes.
Volvieron los sudores y la locura. Pensé lo mismo: “no sabe con quién está hablando”.
Pero esta vez acepté.
Y ese fue un punto de inflexión en mi vida.
Recuerdo que, al volver, en el aeropuerto, recibí este mensaje de Isabel, la psicóloga:
«Lupita ha venido llorando. Me ha dicho que se ha dado cuenta de que le hace a su hijo lo mismo que sus padres le hacían a ella: pegarle cuando pierde los nervios. Y que ya no va a pasar más.»
Lupita tenía 15 años. Su hijo, 1 año y medio. No pude parar de llorar durante días.
Parecía magia. Pero no lo era. Era conciencia, atención plena.
Y fueron ellas, y tantas otras personas, quienes me hicieron ver mi propia luz. Esa que nace de acompañar al otro a reconocerse.
La moraleja, si la hay, es que quien no sabía con quién estaba hablando era yo mismo… conmigo mismo.
Este viernes, en el correo inspiracional, reflexiono sobre cómo necesitamos del otro para vernos, y la importancia de crear espacios seguros para reconocernos y ordenarnos.
………………………………………….
Para recibir el correo inspiracional: Por aquí.
Para sesiones y formaciones: https://stan.store/francesc
………………………………………………
Soy una luciérnaga atípica, porque sigo rugiendo y ocupando espacio. Pero ahora, consciente de que mi alma es de «cuca de llum»
Por eso soy terapeuta humanista por vocación. Y artesano de la conciencia por devoción.
¿Y tú?,
¿Sabes cual es tu animal de poder?
¿Te ayudo a descubrirlo?