&106 ¿Qué historia en ti merece ser reconocida hoy?
«No siempre puedes explicar con palabras lo que transforma tu vida, pero puedes volver al lugar donde ocurrió.»
Hace diez años estuve en Monte Coxala (Chapala, Jalisco), y viví una experiencia transformadora que me acompaña desde entonces, en todo momento.
Este lugar es bello y mágico, con una energía trabajada difícil de explicar.
Simplemente una imagen: en medio de una vegetación salvaje y exuberante, delante del inmenso lago de Chapala, una cabeza colosal olmeca, inspirada en las que se construyeron en la costa del Golfo de México entre el 1500 a.C. y el 400 a.C.
Y en este lugar, me ocurrió algo transformador.
A través de una serie de ejercicios y actividades meditativas y de conciencia, pude conectar, sentir y comprender el metaconcepto de «todos somos uno».
Ya llevaba tiempo explorando en diferentes prácticas esta conexión espiritual. Y fue aquí, con el acompañamiento de Jorge, que pude llegar a sentirlo.
Llevé mi conciencia a otro nivel. Y vi más allá de mis creencias y límites mentales.
Estos días, de vuelta con mi pareja e hija, frente a esta cabeza olmeca, conecto lo que viví entonces con la mirada sistémica: nada ni nadie existe aislado. Todo lo que hacemos está conectado con algo mayor.
El lugar, y después de todo este tiempo, me susurra que pertenecer es un acto de amor, y que nuestro legado está escrito en la memoria de quienes hemos tocado con nuestras acciones y nuestra presencia.
Y que la verdadera riqueza se mide en la calidad de los intercambios que sostenemos:
– Lo que damos y recibimos.
– Lo que honramos y dejamos ir.
– Lo que construimos y permitimos que nos transforme.
La vida misma es un intercambio con el tiempo, y cada vuelta al sol nos lo recuerda.
Ayer, para mí, la tierra completó una vuelta alrededor del sol, para recordarme que completé un ciclo: mi 53 aniversario.
Y sentí la necesidad de escribirme una carta, mirando una fotografía de cuando yo tenía un año.
Si me conoces, sabes que me gusta hablar, con el riesgo que me vaya por las ramas…
Y escribir, desde joven, me ha dado estructura, límites y también sanación.
Detrás de la pasión por escribir, hay un sentimiento que me acompaña desde niño: la frustración de no encontrar siempre las palabras para expresar lo que siento.
Ese reto ha sido también mi escuela: me ha llevado a fortalecer mi autoestima, a mejorar mi comunicación y a aprender a escuchar al otro.
Hoy confío en mi voz, en mis silencios y en mi escucha. Y eso, además de nutrir mi vida, nutre mi profesión como terapeuta.
El inicio de este correo inspiracional fue un reto por todo ello.
El regalo, es que cada correo es también una semilla que ya florece, en forma, olor y color en mi jardín de la escritura y la comunicación.
Este jardín está creciendo. Y ojalá podamos leerlo juntos.
Sistémicamente, lo que no sabemos expresar también forma parte de nuestra historia, y cuando lo miramos con amor, deja de ser un obstáculo para convertirse en raíz de nuestra fortaleza.
En mi, al volver a ese lugar de la infancia donde nació esa frustración, ahora puedo explicarte con palabras cómo se transformó y cómo se convirtió en una fortaleza.
Y tú, si miras una foto tuya de cuando eras un niño o niña, ¿qué le dirías hoy desde la persona que eres?
Las respuestas que nacen de esa mirada son semillas de transformación.
Te acompaño a mirar.
Franↄesc
Te comparto la carta.
Para seguir explorando:
— Sesiones individuales online y presenciales.
— Sesiones grupales de constelaciones: nuevas fechas.