&105 ¿Vives hacia lo que te necesita o hacia lo que te espera?
“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.” – Del Quijote de Cervantes.
Desde que llegué a tierras mexicanas, no ha habido ni un día que mis ojos no haya visto a un Quijote o un Sancho panza en formato escultura, recuerdo, mojiganga…
Y el súmmum ha sido en Guanajuato, donde se encuentra el Museo Iconográfico del Quijote, uno de los pocos espacios en el mundo dedicados exclusivamente al caballero de la triste figura.
Me pregunté —y exploré— por qué el Quijote está tan presente en la vida cotidiana mexicana. Infinitamente más que en su cuna natal.
Don Quijote no es solo un personaje español; es un símbolo universal que en México ha echado raíces profundas. Su presencia aquí habla de historia, educación, arte… y de una afinidad espiritual con el alma mexicana.
Don Quijote está en México porque aquí su locura tiene sentido: la fidelidad a lo imposible, la dignidad de la resistencia, la ternura del que cree, aunque nadie más lo haga.
En muchos sentidos, Quijote encarna al héroe que lucha por un mundo mejor, aunque el mundo lo llame loco.
Siento que en mi educación, el Quijote fue enseñado como una obligación académica. Denso, antiguo, difícil. Se convirtió en símbolo de lo que “hay que leer”, no de lo que “me transforma”.
Y creo que, culturalmente, se ha valorado más al personaje de Sancho Panza: práctico, pícaro, astuto, con sabiduría popular y los pies plantados en la tierra.
La figura del Quijote, con su “locura idealista”, ha sido vista a menudo como algo romántico, pero también ingenuo.
Mientras tanto, en América Latina, el Quijote encarna la dignidad del que sueña aunque todo esté en contra.
Este viernes, en el correo inspiracional, voy a reflexionar sobre cómo todos somos un poco Quijote, aprendiendo a cabalgar entre lo real y lo simbólico, y a sobrevivir con el alma herida y el corazón encendido.
Y en este aprender, la mirada sistémica y las constelaciones familiares son una herramienta excepcional de sabiduría y manual de vida.
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Don Quijote me recuerda que, tal vez, no se trata de vencer, sino de no dejar de cabalgar por lo que amamos.
Y que, a veces, solo cuando abrazamos nuestra locura más profunda, encontramos la verdad de nuestra alma.